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El rencor mina el espíritu

Seguramente, al leer la palabra rencor, a todos y cada uno de nosotros nos ha podido venir a la mente el recuerdo de un suceso concreto que vivimos en el pasado e incluso el nombre de una persona.

¿Qué entendemos por rencor? El rencor es un sentimiento de hostilidad dirigido hacia una persona, o un conjunto de personas, a causa de una ofensa o daño recibido/percibido. Podemos vivir el rencor de manera consciente (sabiendo que está ahí y por qué) o sin darnos cuenta de su presencia pero viviendo sus consecuencias.

En muchas ocasiones hemos hecho acopio de que somos seres sociales y que es imposible vivir sin relacionarnos con los individuos de nuestro entorno. Debemos ser realistas ante la cuestión de que cada uno de nosotros actuamos ante las situaciones de diversas maneras, y que interpretamos los que nos ocurre de manera subjetiva. Esto no sucede porque seamos seres egoístas, sino porque los protagonistas de nuestra vida somos nosotros mismos y sería imposible interpretar toda situación acontecida ignorando lo que nos hace sentir.

Como ya comentamos con anterioridad, los sentimientos y las emociones son inevitables y van ligados a todo lo que nos pasa diariamente. Es imposible imaginarnos una situación que hayamos vivido sin evocar lo que nos ha hecho sentir en ese momento. Esta “inevitabilidad” emocional hace que reaccionemos de una manera u otra cuando nos encontramos ante un conflicto con una persona o una situación. Existen individuos que llamaremos menos “viscerales” y reflexivos, y otros que se dejan llevar mucho más por las emociones evocadas en dicho momento. Muchas veces, hemos podido reaccionar de una manera exagerada ante un suceso de no tanta importancia y, pasado el tiempo (con la mente fría), nos hemos dado cuenta de que podríamos haber reaccionado de otra manera o que, incluso, hemos podido herir los sentimientos de otra u otras personas. En este momento, hemos podido decidir seguir adelante o reconocer nuestro error y pedir disculpas. Pedir disculpas es algo que no todo el mundo sabe hacer dado que muchas veces se entiende como doblegarse ante los demás, concepto que no podría estar más erróneamente formulado.

Es un proceso un poco complicado determinar cuándo sucede el rencor y cómo se queda atrapado en nuestros sentimientos, pero lo vamos a intentar.
Dado que cada persona es su yo y su circunstancia, cada individuo va a tener una opinión acerca de la vida, de una situación concreta, de la causa de un conflicto, de la manera de resolver un problema y un gran etc. Cuando nos vemos sumergidos dentro de una confrontación con alguien, puede acabar con la resolución de lo sucedido o puede suponer el fin de la relación que existiera entre ambas personas. Está claro que, aunque intentemos resolver lo que ha pasado, en algunas ocasiones será imposible dada la gravedad de los acontecimientos, o de nuestra interpretación de los mismos. Llegados al fin de una relación, sea del matiz que sea (amorosa, de amistad, familiar, de trabajo, etc.) es muy probable que el primer sentimiento que nos quede anclado, por decirlo de alguna manera, sea el enfado. Y cada vez que revivamos dicho conflicto, nos vamos a activar fisiológicamente con los efectos del enfado: ansiedad, nerviosismo, mal humor, etc. No permitiéndonos seguir hacia delante.

Normalmente, estos sentimientos se van a dar de manera más intensa y van a durar más a lo largo del tiempo cuando la persona ha sido alguien importante para nosotros. Si un día tenemos un conflicto en la cola del supermercado, es poco probable que el enfado nos dure más que una pequeña parte del día.

Ahora bien, cuando de verdad hemos sido dañados por alguien, esa sensación de no entender el porqué y el no haber tenido la oportunidad de haber aclarado lo que nos ha motivado a actuar de determinada manera, van a ser los ingredientes para un gran sentimiento de rencor.
Debemos aclarar que el exponer, por parte de todos los individuos representantes del conflicto, las motivaciones internas que les ha llevado a comportarse tal y como lo hicieron, no significará que podamos salvar la relación que los unía, pero sí que es fundamental para expulsar las tensiones que hemos podido acumular durante el conflicto. Sería de vital importancia para evitar el rencor, haber podido exteriorizar cómo nos hemos sentido y por qué hemos llegado a ello.

Pero, ¿qué sucederá cuando estemos completamente convencidos de que la persona ha actuado de esa manera por mera maldad? En primer lugar, deberíamos plantearnos qué significa para nosotros ser “malo”, ya que muchas veces se cae en la tentación de usar esa palabra sin que realmente sea la adecuada. Cada persona podrá explicarnos cómo se ha sentido y por qué ha acabado actuando de una manera concreta al encontrarse ante un problema con alguien. Todos podemos haber sido “malos” en algún momento de nuestras vidas, sin que eso induzca a llevar ese cartel colgado para siempre.

Hay algo muy claro, y es que determinadas personas son mucho más propensas a sentir rencor por los demás, y esto suele suceder porque el rencor no se da de manera aislada, sino que se acompaña de otros sentimientos mucho más fuertes que lo cultivarán ayudándole a crecer y a echar raíces que se convertirán en prácticamente indestructibles.
Nosotros mismos debemos llegar a la conclusión de que sentir rencor por algo que ha sucedido en tiempo pasado no sirve absolutamente de nada, lo único que va a generarnos es el volver a sentirnos mal cuando recordemos lo que nos pasó o cuando tengamos que volver a ver a las personas con las que hemos tenido el problema. Lo ideal para muchos individuos sería no tener que volver a ver a determinadas personas el resto de sus vidas, pero la mayoría de las veces se trata de algo disfuncional dado que con quien solemos relacionarnos son personas que se encuentran en nuestro entorno más cercano.

No podemos derrocar por completo el rencor, pero sí que podemos hacer diversas reflexiones para no darle la oportunidad de asentarse en nuestras vidas:

·         Cada persona actúa en función a sus creencias. En el desarrollo de un conflicto, no existen las personas puramente malas, sino que cada uno va a defender su posición pudiendo llevarnos a un malentendido sostenido. Aunque queramos entender las motivaciones del resto, podemos no llegar a lograrlo.

·         Busca la oportunidad de explicar por qué has actuado de una manera concreta ante el problema y busca la manera de que la otra persona también lo haga. Se consciente de que esto no te va a llevar al punto inicial como si no hubiese pasado nada, pero al menos, habrás podido exponer por qué te has sentido de esa manera y la otra persona podrá tener la misma oportunidad.

·         Piensa en la cantidad de tiempo y energía que estás gastando sintiéndote mal por lo que pasó tiempo atrás. Es mejor que usemos nuestro tiempo en cosas que nos hagan sentir bien, no empeorando algo que no merece tanta atención.

“Existen tres formas de deshacerse del rencor: recordarlo y dejar que te pudra por dentro, escupirlo y contagiarlo todo, o desintegrarlo con el olvido”.

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